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ANTECEDENTES

El 5 de junio de 1981, los Centros de Control de Enfermedades en los Estados Unidos publicaron un informe sobre una nueva enfermedad que golpeaba a homosexuales. Aquel informe inauguró la era del SIDA. Veintisiete años han pasado desde aquel entonces, años en los cuales la enfermedad se ha esparcido en proporciones propias de una pesadilla, cada año que pasa, las cifras se incrementan y las proyecciones se hacen extremas.

En 1991, la Organización Mundial de la Salud estimó que las infecciones de VIH para el año 2000, en todo el mundo, ascenderían a aproximadamente 20 millones. La proyección resultó muy pequeña, diferia en más de dos veces. Desde que la epidemia comenzó, más de 60 millones han sido infectados por el virus, al menos 20 millones han muerto de la enfermedad, y una estimación conservadora es que actualmente más de 34 millones de personas viven con el VIH/SIDA.

Epidemia del VIH en el mundo

Contribución Significativa de la Educación y la participación de l@s PVVS en la lucha contra el VIH y SIDA

Actualmente no existe cura conocida para el VIH/SIDA. El trabajo en el desarrollo de una vacuna prosigue, pero ninguno está disponible aún y pasarán probablemente diez años o más, antes de que una vacuna universalmente disponible, económica y fácil de aplicar este disponible en el mercado. Las medicinas que permiten vivir a las personas infectadas, están disponibles, pero hasta con las sustanciales reducciones de precios que han sido efectuadas en los últimos años, su coste permanece muy alto y su administración requiere una infraestructura de salud bien desarrollada de la clase que varios países no tienen.

A la vez existen preocupaciones por el desarrollo de clases de VIH que son resistentes a las medicinas actualmente en uso. La confianza excesiva en el control de la epidemia por la provisión de la terapia antirretroviral para individuos infectados también afronta aumentos de coste anuales masivos, ya que los nuevos números serán añadidos cada año a las filas de aquellos cuyas vidas son prolongadas por una terapia que debe ser mantenida durante toda la vida.

En estas circunstancias, prevenir la transmisión adicional del VIH debe ser la estrategia principal. La prevención depende muy fuertemente de la educación. Un poco de reflexión mostrará como cada esfuerzo de prevención, la mayoría de estrategias del manejo, la mayor parte de la actividad dirigida hacia la mitigación de impactos, y prácticamente cada programa diseñado para controlar y frenar la extensión de VIH/SIDA, depende de una manera u otra en la educación. No es ninguna exageración decir que en el estado actual del conocimiento científico y desarrollo, la única protección disponible a la sociedad está “con la vacuna social de la educación” y la participación de las personas afectadas en el proceso de educar a la sociedad es indispensable.

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